viernes, 10 de abril de 2009

El último documento político de Zapata. Carta a Carranza

Ciudad de México, 10 de abril de 2009

Servicio informativo núm. 674


EL ÚLTIMO DOCUMENTO POLÍTICO DE EMILIANO ZAPATA

CARTA A VENUSTIANO CARRANZA


El día de hoy se cumplen noventa años del asesinato del general Emiliano Zapata. Para recordarlo en su exacta dimensión de dirigente popular, líder político y revolucionario consecuente, el servicio de noticias ISA reproduce aquí el último documento político firmado por el Caudillo del Sur, escrito menos de un mes antes de su asesinato. Es una carta abierta dirigida a Venustiano Carranza, en la que hace una radiografía cruda del curso derechista que la Revolución empezaba a tomar al ser dirigida por los nuevos catrines. A noventa años de su hechura, cualquier semejanza con la realidad actual de México no es mera coincidencia. Se podrían cambiar algunos nombres y parecería haberse escrito hoy.


Cuartel General del Ejército Libertador en el

Estado de Morelos, marzo 17, 1919


Un sello que dice: República Mexicana.- Ejército Libertador.


Cuartel General del Ejército Libertador en el Estado de Morelos.


Al C. Venustiano Carranza.-

México, D. F.


Como ciudadano que soy, como hombre poseedor del derecho de pensar y hablar alto, como campesino conocedor de las necesidades del pueblo humilde al que pertenezco, como revolucionario y caudillo de grandes multitudes, que en tal virtud y por eso mismo he tenido oportunidad de reconocer las reconditeces del alma nacional y he aprendido a escudriñar en sus intimidades y conozco de sus amarguras y de sus esperanzas; con el derecho que me da mi rebeldía de nueve años siempre encabezando huestes formadas por indígenas y por campesinos; voy a dirigirme a usted, C. Carranza, por vez primera y última.


No hablo al Presidente de la República, a quien no conozco, ni al político, del que desconfío; hablo al mexicano, al hombre de sentimiento y de razón, a quien creo imposible no conmuevan alguna vez (aunque sea un instante) las angustias de las madres, los sufrimientos de los huérfanos, las inquietudes y las congojas de la patria.


Voy a decir verdades amargas; pero nada expresaré a usted que no sea cierto, justo y honradamente dicho.


Desde que en el cerebro de usted germinó la idea de hacer revolución, primero contra Madero y después contra Huerta, cuando vio que aquél caía más pronto de lo que había pensado; desde que concibió usted el proyecto de erigirse en jefe y director de un movimiento que con toda malicia denominó “constitucionalista”; desde entonces pensó usted, primero que nada, en encumbrarse, y para ello, se propuso usted convertir la revolución en provecho propio y de un pequeño grupo de allegados, de amigos o de incondicionales que lo ayudaron a usted a subir y luego lo ayudasen a disfrutar el botín alcanzado: es decir, riquezas, honores, negocios, banquetes, fiestas suntuosas, bacanales de placer, orgías de hartamiento, de ambición de poder y de sangre.


Nunca pasó por la mente de usted que la revolución fuera benéfica a las grandes masas, a esa inmensa legión de oprimidos que usted y los suyos soliviantan con sus prédicas. ¡Magnífico pretexto y brillante recurso para oprimir y para engañar!


Sin embargo, para triunfar fue preciso pregonar grandes ideales, proclamar principios, anunciar reformas.


Pero para poder evitar que la conmoción popular (peligrosa arma de dos filos) se volviese contra el que la utilizaba y la esgrimía; para impedir que el pueblo, ya semilibre y sintiéndose fuerte, se hiciera justicia por sí mismo, se ideó la creación de una dictadura, a la que se dio el nombre novedoso de “dictadura revolucionaria”.


Se encontró luego la fórmula apropiada; se pronunciaron palabras sugestivas; eran precisas, indispensables, la unidad de dirección y de impulso, la cohesión entre los revolucionarios, la rapidez para concebir, la energía y la prontitud para ejecutar.


Todo eso, que no podrá tener cabida en una asamblea deliberante, se otorgó a un solo hombre, que fue usted, y desde entonces fue el único amo de las filas del constitucionalismo.


Para hacer triunfar las reivindicaciones libertarias de la revolución, se necesitaba un dictador —se dijo entonces—-. Los procedimientos autocráticos eran inevitables para imponerse a una sociedad refractaria a los principios nuevos.


En otros términos, la fórmula de la política llamada constitucionalista fue ésta: “Para establecer la libertad hay que valerse del despotismo”.


Sobre estos sofismas se fundó la autoridad de usted, el absolutismo y la omnipotencia de usted.


¿Cómo y de qué forma ha hecho usted uso de esos exorbitantes poderes, que habían de traer el triunfo de los principios?


Aquí es preciso, para no pecar de ligero, analizar con calma y pasar revista retrospectiva a los hechos desarrollados durante la ya bien larga dominación de usted.


En el terreno económico y hacendario, la gestión no puede haber sido más funesta.


Bancos saqueados; imposiciones de papel moneda, una, dos o tres veces, para luego desconocer, con mengua de la República, los billetes emitidos; el comercio desorganizado por estas fluctuaciones monetarias; la industria y las empresas de todo género, agonizando bajo el peso de contribuciones exorbitantes, casi confiscatorias; la agricultura y la minería pereciendo por falta de garantías y de seguridad en las comunicaciones; la gente humilde y trabajadora, reducida a la miseria, al hambre, a las privaciones de toda especie, por la paralización del trabajo, por la carestía de los víveres, por la insoportable elevación del costo de la vida.


En materia agraria, las haciendas cedidas o arrendadas a los generales favoritos; los antiguos latifundios de la alta burguesía, reemplazados en no pocos casos, por modernos terratenientes que gastan charreteras, kepí y pistola al cinto; los pueblos burlados en sus esperanzas.


Ni los ejidos se devuelven a los pueblos, que en su inmensa mayoría continúan despojados; ni las tierras se reparten entre la gente de trabajo, entre los campesinos pobres y verdaderamente necesitados.


En materia obrera, con intrigas, con sobornos, con maniobras disolventes, y apelando a la corrupción de los líderes, se han logrado la desorganización y la muerte efectiva de los sindicatos —única defensa, principal baluarte del proletariado en las luchas que tiene que emprender por su mejoramiento.


La mayor parte de los sindicatos sólo existen de nombre; los asociados han perdido la fe en sus antiguos directores, y los más conscientes, los que valen, se han dispersado llenos de desaliento.


Hoy se trata, al parecer, de infundirles vida nueva, pero con miras políticas (como siempre) y bajo la corruptora sombra del poder oficial. Acabamos de ver mítines obreros presididos y “patrocinados” (!) por un gobernador de provincia bien conocido como uno de los servidores incondicionales de usted.


Y ya que se trata de combinaciones de orden político, asomémonos al terreno de la política, en el que usted ha desplegado todo su arte, toda su voluntad y toda su experiencia.


¿Existe el libre sufragio? ¡Mentira! En la mayoría, por no decir en la totalidad de los estados, los gobernadores han sido impuestos por el centro; en el Congreso de la Unión figuran como diputados y senadores creaturas del Ejecutivo y en las elecciones municipales los escándalos han rebasado los límites de lo tolerable y aun de lo verosímil.


En materia electoral, ha imitado usted con maestría y en muchos casos superado a su antiguo jefe Porfirio Díaz.


Pero ¿qué digo? En algunos estados no se ha creído necesario tomarse siquiera la molestia de hacer elecciones. Allí siguen imperando gobernadores militares impuestos por el Ejecutivo federal que usted representa, y allí continúan los horrores, los abusos, los inauditos crímenes y atropellos del periodo preconstitucional.


Por eso decía yo al principio de esta carta, que usted llamó con toda malicia, al movimiento emanado del Plan de Guadalupe, revolución constitucionalista, siendo así que en el propósito y en la conciencia de usted estaba el violar a cada paso y sistemáticamente la Constitución.


No puede darse, en efecto, nada más anticonstitucional que el gobierno de usted; en su origen, en su fondo, en sus detalles, en sus tendencias.


Usted gobierna saliéndose de los límites fijados al Ejecutivo por la Constitución: usted no necesita de presupuestos aprobados por las Cámaras; usted establece y deroga impuestos y aranceles; usted usa de facultades discrecionales en Guerra, en Hacienda y en Gobernación; usted da consignas, impone gobernadores y diputados, se niega a informar a las Cámaras; protege al pretorianismo y ha instaurado en el país, desde el comienzo de la era “constitucional” hasta la fecha, una mezcla híbrida de gobierno militar y de gobierno civil, que de civil no tiene más que el nombre.


La soldadesca llamada constitucionalista se ha convertido en el azote de las poblaciones y de las campiñas. Según confesión de los más altos jefes de usted (nada menos que el secretario de Guerra, José Agustín Castro), la revolución se extiende y nuevos rebeldes aparecen cada día, en gran parte debido a los excesos y desmanes de jefes sin honor y carentes de todo escrúpulo, que, olvidando su carácter de guardianes del orden, son los primeros en trastornarlo con sus crímenes y sus actos de vandalismo.


Esa soldadesca, en los campos, roba semillas, ganados y animales de labranza; en los poblados pequeños, incendia o saquea los hogares de los humildes, y en las grandes poblaciones especula en grande escala con los cereales y semovientes robados, comete asesinatos a la luz del día, asalta automóviles y efectúa plagios en la vía pública, a la hora de mayor circulación, en las principales avenidas, y lleva su audacia hasta constituir temibles bandas de malhechores que allanan las ricas moradas, hacen acopio de alhajas y objetos preciosos, y organizan la industria del robo a la alta escuela y con procedimientos novísimos, como lo ha hecho ya la célebre mafia del “automóvil gris”, cuyas feroces hazañas permanecen impunes hasta la fecha, por ser directores y principales cómplices personas allegadas a usted o de prominente posición en el ejército, hasta donde no puede llegar la acción de un Gobierno que se dice representante de la legalidad y del orden.


Y, sin embargo, usted acaudilló a todos esos hombres; usted, su Primer Jefe; usted sigue siendo el responsable ante la ley y ante la opinión civilizada, de la marcha de la administración y de la conducta del ejército, y sobre usted recaen esas manchas y a usted salpica ese lodo.


¡Con cuánta razón los gobiernos extranjeros no tienen confianza en el de usted, y con qué justo motivo el de Francia se ha negado a recibir al enviado constitucionalista, considerándolo como el representante de una facción y no como el funcionario de un gobierno!


Las naciones extranjeras recuerdan la conducta de usted durante el periodo del gran conflicto guerrero, y no tienen para usted sino recelos, desconfianza y hostilidad.


Usted protestó ser neutral, y se condujo como furioso germanizante; permitió y azuzó la propaganda contra las potencias aliadas, protegió el espionaje alemán, obstruccionó y perjudicó el capital, los intereses y las finanzas de los extranjeros hostiles al káiser.


Usted, con sus desaciertos y tortuosidades, con sus pasos en falso y sus deslealtades en la diplomacia, es la causa de que México se vea privado de todo apoyo por parte de las potencias triunfadoras, y si alguna complicación internacional sobreviene, usted será el único culpable.


Usted ha orillado a nuestro país a la ruina en lo económico, en lo financiero, en lo político y en el orden internacional.


La política de usted ha fracasado ruidosamente.


Usted ofreció y anunció que por medio de un régimen dictatorial que disfrazó con el nombre de Primera Jefatura, haría la paz en la República, mantendría la cohesión entre los revolucionarios, consolidaría el triunfo de los principios de reforma.


La paz no se ha hecho, ni se hará nunca con los procedimientos que usted emplea y con el desprestigio que sobre usted pesa. Los revolucionarios, los de la facción constitucionalista, los que usted ofreció unir, están cada vez más desunidos: así lo confesó usted en su último manifiesto, y en cuanto a los ideales revolucionarios, yacen maltrechos, destrozados, escarnecidos y vilipendiados por los mismos hombres que ofrecieron llevarlos a la cumbre.


Nadie cree ya en usted, ni en sus dotes de pacificador, ni en sus tamaños como político y como gobernante.


Es tiempo de retirarse, es tiempo de dejar el puesto a hombres más hábiles y más honrados. Sería un crimen prolongar esta situación de innegable bancarrota moral, económica y política.


La permanencia de usted en el poder es un obstáculo para hacer obra de unión y de reconstrucción.


Por la intransigencia y los errores de usted, se han visto imposibilitados de colaborar en su Gobierno, hombres progresistas y de buena fe que hubieran podido ser útiles a México.


Esos hombres, esos intelectuales, esa juventud pletórica de ideales, esa gente nueva, no mancillada, no corrompida ni gastada, esos revolucionarios de ayer, se han apartado de la cosa pública llenos de desencanto; esos jóvenes que se han iniciado en los grandes principios de la revolución y sienten infinita ansia de realizarlos; esos enamorados del ideal, que hoy llevan el alma impregnada de anhelo por un gobierno serio, honrado, fuerte, impulsado por anhelos generosos y atento a cumplir los compromisos contraídos en hora solemne.


Devuelva usted su libertad al pueblo, C. Carranza; abdique usted sus poderes dictatoriales, deje usted correr la savia juvenil de las generaciones nuevas. Ella purificará, ella dará vigor, ella salvará a la patria.


Y si usted, como simple ciudadano, puede colaborar en la magna obra de reconstrucción y de concordia, sea usted bienvenido.


Pero, por deber y por honradez, por humanidad y por patriotismo, renuncie usted al alto puesto que hoy ocupa y desde el cual ha producido la ruina de la República.


Nuevos horizontes se presentan para la patria. El señor doctor don Francisco Vázquez Gómez, hombre conciliador y atingente, antiguo y firme revolucionario, invita a la unión a los mexicanos, y ha encontrado una fórmula de unificación y de gobierno, dentro de la que caben todas las energías sanas, todos los impulsos legítimos, el esfuerzo de todos los intelectuales de buena fe y el impulso de todos los hombres de trabajo.


Bajo esa nueva dirección se podrá hacer patria, se fundará una paz definitiva, se reorganizará el progreso, se consolidará un gran Gobierno de la unificación revolucionaria.


Y para allanar esa obra que de todas maneras habrá de realizarse, sólo hace falta que usted cumpla con un deber de patriota y de hombre, retirándose de lo que usted ha llamado Primera Magistratura, en la que ha sido usted tan nocivo, tan perjudicial, tan funesto para la República.


Emiliano Zapata.


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miércoles, 8 de abril de 2009

Desalojos contra mujeres, por Laura Itzel Castillo


Ciudad de México, 8 de abril de 2009

Servicio informativo núm. 673


Sumario:


I. Desalojos contra mujeres, por Laura Itzel Castillo


II. Las facturas sin fin del señor Calderón, por Luis Linares Zapata


III. El que quiera azul celeste, que le cueste, por Mario Di Costanzo Armenta


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DESALOJOS CONTRA MUJERES

por Laura Itzel Castillo, secretaria de Asentamientos Humanos y Vivienda del gobierno legítimo de México

(publicado en El Gráfico el 8 de abril de 2009)


El pasado 4 de abril en Tultepec, estado de México, la señora Leticia Blanco Pacheco fue desalojada de su casa no obstante su grave estado de salud. El caso estaba siendo defendido por el Consejo de Defensa de la Vivienda (CDV) en la mesa de trabajo que se mantiene semanalmente con el Infonavit. Hay que señalar que la derechohabiente afectada estaba programada para una cirugía, con el objeto de extirparle un tumor localizado en su pierna derecha.


Francisco Benavides, gerente de cobranza de la institución, se comprometió personalmente a establecer un compás de espera para la realización de un estudio socioeconómico, previamente acordado, que determinara la capacidad de pago de la trabajadora.


No obstante, el 22 de marzo el despacho jurídico Consultores Profesionales Corporativos (CPC), en voz de Alfredo García Garrido le informó a la convaleciente que sería lanzada de su departamento, sin importar lo que dijera el Infonavit, ni tampoco el delicado estado de salud de doña Leticia, con todo y operación en puerta. “A nosotros nos pagan por desalojo”, señaló el representante.


Hace algunos años, el Infonavit realizaba sus actividades de cobranza sin necesidad de contratar a los despachos externos. De acuerdo a sus informes, paga más de 300 millones de pesos anuales a estos despachos.


Además, gasta 5 mil millones de pesos de recursos fiscales en pura burocracia. ¿Qué institución absorbe la totalidad de recursos para sus funcionarios? ¡Qué dispendio e ineficiencia! ¿Cómo es posible que con el tamaño del Infonavit todavía se contrate a despachos jurídicos externos para amedrentar gente y pisotear los derechos de las acreditadas?


Definitivamente se pasan por el arco del triunfo los convenios internacionales firmados por México contra la violencia hacia las mujeres, así como el artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos de Humanos, que señala: “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure salud y bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios.”


Sin embargo, en México el sistema condena al sector laboral por haber perdido su trabajo. La política económica que impera en este país arroja al desempleo a 5 mil personas diariamente. Cuando un acreditado del Infonavit es despedido, pierde derechos. Así la señora Blanco Pacheco no puede acceder a un dictamen de incapacidad parcial permanente para ser liberada del crédito, como ordena el artículo 51 de la Ley del Infonavit.

En otras palabras, la pérdida del empleo implica no sólo pérdida del salario, sino de los derechos de previsión social que contempla la misma ley, lo cual es inconstitucional a todas luces. Por ahora, la acreditada está a las puertas de su casa, en silla de ruedas, acompañada por su hija y sus dos nietos, en espera de que se le haga justicia.


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LAS FACTURAS SIN FIN DEL SEÑOR CALDERÓN

por Luis Linares Zapata, secretario de Desarrollo Económico y Ecología del gobierno legítimo de México

(publicado en La Jornada el 8 de abril de 2009)


El (des)gobierno del señor Calderón sangra a raudales por diversos lados, vitales algunos de ellos para la buena marcha de una administración. Para ocultarlos o, al menos, desviar la debida atención sobre ellos, desata, a través de su partido, una agresiva campaña difusiva que a pocos beneficia. Los daños colaterales de esta irresponsable forma de sacar raja electoral son mayúsculos. Pero el PAN, a través de su acólito iracundo, insiste, con fingido coraje, en contrariar al PRI y su abultada carga de pasado. En el proceso los panistas reciben el manipulado auxilio de influyentes medios de comunicación. El motivo seleccionado por el cuarto de guerra blanquiazul es la lucha contra el crimen organizado en su vertiente del narcotráfico. Confiados en éxitos pasados, extienden su campaña a otros terrenos de gran sensibilidad y peligro para un priísmo que se ha negado a cambiar y padece grave parálisis junto a profundas divisiones internas.


Tienen, el PAN y su (des)gobierno, la pretensión de circunscribir la disputa por las simpatías del futuro votante al único terreno donde el señor Calderón recibe interesados elogios y reconocimientos en cascada desde los centros de poder mundial. A la ya trágica crisis económica, según sus estrategas de bolsillo, tratarán de relegarla a planos secundarios, taparla con la alfombra de injustos males venidos de fuera. La crisis social derivada (desempleo y nulas oportunidades de mejoría) no hay necesidad de considerarla como prioridad, menos aún diseñar programas urgentes para, al menos, paliarla. El ninguneo (piensa el oficialismo completo) dejará a los desamparados en ese oscuro rincón donde se refugian en silencio y parálisis. La miseria y marginación crecientes se podrán observar pasadas las elecciones. Mientras eso sucede, los haberes públicos disminuyen con violencia, pero la burocracia crece y, en su cúspide, continúa bien cebada con los pingües pero intocables salarios de vergüenza pública.


El señor Calderón ha sido, sin embargo, eficaz en otros aspectos de su administración: puso en movimiento un generoso, desbocado subsidio financiero a sus patrocinadores y jefes reales. Para ellos consiguió el apoyo de las agencias internacionales (FMI) y del gobierno estadunidense. Con el Tesoro de Estados Unidos ha conseguido 30 mil millones de dólares (swaps), complementados con otros 47 mil millones en una línea de crédito que estarán ahí por si acaso se requiere. Con ello, el endeudamiento del país se eleva a más del doble del actual. No es tarea inútil recordar aquí aquella historia pasada de calumnias que desataron él y su equipo de ayudantes contra el gobierno de la ciudad de México (2006), acusándolo de endeudarse en demasía. Las cifras no les cuadraban pero, quitados de la pena, siguieron con su griterío para dejar sembrada la duda.


Hace poco todavía afirmaron, el señor Calderón y su inefable señor Carstens, que no usarían esos dineros, que sólo eran el blindaje necesario para reforzar la confianza y calmar la especulación contra el peso. Pero no resistieron las urgencias de sus patrocinadores ni la voracidad de los privilegiados de siempre. Los primeros 4 mil millones de dólares serán puestos a la disposición de aquellos barones de los negocios que los requieran para salvar sus endeudadas empresas. Son esos 4 miles de millones el ensayo que el señor Calderón hará para medir lo que ya nombran como la profundidad del mercado. A partir de ello se inyectarán cantidades adicionales y se sabrá hasta dónde será preciso continuar con los subsidios, ahora medidos en miles de millones de dólares. Nadie sabrá quiénes serán los finalmente beneficiados ni con cuánto se les sostendrá. Un denso manto les será extendido por el sistema bancario, que actuará como intermediario. Ellos negociarán plazos, intereses y demás condiciones (si se las ponen). Los nuevos deudores seguirán, qué duda cabe, al mando de sus empresas, con su influencia y buen nombre intactos. Seguirán también disfrutando de beneficios varios como el uso de sus lujosísimos aviones o helicópteros particulares y otras minucias como clubes o casas de descanso. Todo ello cargado al costo de sus productos o servicios. Onerosas facturas que Calderón todavía se siente obligado a pagar por los favores de campaña recibidos y por la necia decisión de seguir actuando bajo el depredador modelo neoliberal.


La sociedad mexicana poco sabe de las tribulaciones de los barones de los grandes negocios. El de Cemex (LZ), por ejemplo, maneja un conglomerado que ha crecido por el mundo con dinero prestado, apalancamiento le llaman. Goza de favores indebidos aquí en México. El principal es el desmedido precio que se permite al cemento y la tajante prohibición para importar ese indispensable producto. En tiempos normales, dichas ventajas (indebidas y hasta ilegales) le permitieron generar enormes utilidades que solidificaron su valor accionario de mercado. Tal capitalización la empleó el señor Zambrano como garantía de préstamos posteriores. Pero la crisis tomó a Cemex con fantásticos compromisos de pagos y sus ingresos (efectivo) disminuyeron de manera drástica por la parálisis del consumo. Ahora no puede responder a las consecuencias de su expansión desmedida y busca renegociar su deuda con los acreedores ante la negativa de desprenderse de activos, por lo demás, devaluados. No ha podido convencerlos, y por eso necesita que los contribuyentes nacionales le echen una mano repleta de dólares, o euros, forzados por el señor Calderón. Así, el señor Zambrano, su benefactor, seguirá siendo un empresario de éxito.


El caso de Vitro es todavía peor. La familia que posee la mayoría accionaria ha administrado muy mal la empresa. Ha usado y desusado sus recursos y está, prácticamente, quebrada. En este caso, como Barack Obama hizo con la General Motors, hay necesidad de disolver el capital de los accionistas a favor del contribuyente y despedir a todo el directorio de Vitro. Basta de tropelías y abusos. Pero el señor Calderón no hará tal cosa. Será benévolo con esos y otros empresarios adicionales y los salvará del naufragio. El pueblo pagará las cuentas de este tiradero que se quiere ocultar con un intrincado laberinto de arreglos bancarios y esa perversa campaña desatada por el PAN.


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EL QUE QUIERA AZUL CELESTE, QUE LE CUESTE

por Mario Di Costanzo Armenta, secretario de la Hacienda Pública del gobierno legítimo de México

(publicado en La Jornada el 5 de abril de 2009)


Resulta una verdad irrefutable que nuestro país enfrenta ya una de las crisis económicas más fuertes de su historia y, paralelamente, las llamadas "elecciones intermedias" están a la vuelta de la esquina.


De hecho, los tres principales partidos políticos se encuentran inmersos en verdaderas guerras internas —por la definición de candidaturas— y externas —por la difusión de spots televisivos y en Internet— en las que todos tratan de vender sus principales logros.


Sin embargo, y a pesar de lo que puedan decir en su propaganda, es un hecho que a poco más de ocho años de gestión panista los resultados obtenidos son alarmantemente graves: el poder adquisitivo de la gente se encuentra pulverizado y la economía se halla no sólo estancada, sino que durante el presente año se ha visto disminuida, mientras el desempleo es el más alto desde 2000.


De esta manera, con preocupación y coraje los mexicanos nos damos cuenta de que mientras en diciembre de 2000 un kilogramo de frijol nos costaba seis pesos, al mes de marzo del presente año debemos pagar por ese mismo kilo de frijol 22 pesos (y dicen que aumentará). O como en el caso de la tortilla, cuyo precio llegó a ser de 2.50 pesos por kilogramo y actualmente no se encuentra en menos de nueve pesos.


Esto es, que tan sólo estos dos alimentos esenciales en la dieta de los mexicanos han incrementado su precio en 266 por ciento y 260 por ciento, cada uno. Y no se diga otros productos, como el huevo, el arroz, el aceite o la gasolina, que durante ese mismo lapso han registrado incrementos de 223 por ciento, 104 por ciento, 213 por ciento y 46 por ciento, respectivamente.


Mientras tanto, el salario mínimo de un obrero se ha incrementado en sólo 44.6 por ciento, lo que en otras palabras nos dice que mientras en 2000 con un salario mínimo diario (37.90 pesos) un obrero podía adquirir un kilo de frijol, uno de arroz, otro de huevo, un litro de aceite y medio kilogramo de tortilla, para marzo de 2009 el salario mínimo diario (54.80 pesos) únicamente le permite adquirir la mitad de cada producto anteriormente señalado.


A esto hay que añadir que por concepto de "deuda pública", en 2000 cada mexicano debía aproximadamente 23 mil 700 pesos y en la actualidad esa cifra es de 35 mil 000 pesos. Esto, sin contar los 47 mil millones de dólares (658 mil millones de pesos) que recibiremos como "apoyo o línea de crédito" del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del cual por cierto, aún no sabemos las condiciones, bajo las que fue otorgado y mucho menos se ha explicitado el destino que tendrá.


No olvidemos que hasta ahora, las señales que ha enviado el "gobierno de la estabilidad y el empleo" indican que si bien están decididos a rescatar al sector financiero de la economía, no son claras las intenciones de rescatar al sector de la economía real, aún y a pesar de los absurdos comerciales que han sacado en la televisión.


Señalo lo anterior ya que de materializarse el "apoyo" del FMI la deuda per cápita de los mexicanos se incrementará en aproximadamente seis mil pesos, para llegar a un total de 41 mil pesos, con lo que habrá crecido 73 por ciento en los últimos 8 años, es decir, que hasta la deuda per cápita se ha incrementado más que el salario mínimo.


Contrariamente, por ejemplo, el salario de los "presidentes" aumenta de manera importante, pues en los Decretos de Presupuesto se observa que dicho sueldo creció en 52.46 por ciento, al pasar de 100 mil pesos en 2000 a 152 mil 467 pesos para el presente año. A esto hay que agregar que el tipo de cambio era de 9.45 pesos por dólar y en la actualidad supera los 14 pesos; es decir, nuestra moneda valía 48 por ciento más que en la actualidad.


Desde luego, esto no quiere decir que antes de los panistas estábamos mejor. El propio Carlos Salinas de Gortari se ha referido a una etapa de los priistas como La década perdida. Y basta recordar a Zedillo, el Fobaproa y los Pidiregas; a Salinas, el Tratado de Libre Comercio y sus privatizaciones…


En suma: quizá no fue lo mismo, pero el resultado fue igual: pobreza, desigualdad y atraso.


Así, ahora vemos a un PRI tratando de olvidar su pasado, mezclando a "juniors a los que les sobra copete" con "viejos dinosaurios a los que ya les falta pelo", pero con la misma idea: seguir protegiendo a los ricos y poderosos mediante un Estado que desde hace tiempo fue privatizado por los bancos y los grandes capitales.


Desafortunadamente, los revolucionarios democráticos bajo el mando de los Chuchos (Ortegas, Zambranos, Navarretes o Sotelos) no aseguran ser la opción que garantice que las cosas puedan cambiar. Baste señalar algunos capítulos de la reforma electoral o bien de la mal llamada reforma fiscal o la energética, en donde bajo la teoría "gatopardiana" se han modificado las cosas… para quedar igual.


Ante ello, los ciudadanos al menos debemos reflexionar y considerar otras opciones que representan la posibilidad de iniciar un nuevo proyecto de nación, mismo que está fundamentado en la liberación del Estado, en el rescate de sus instituciones y en el cambio del modelo económico.


Si bien estas opciones hoy, son relativamente pequeñas, - incluyendo algunas dentro de los propios revolucionarios democráticos -, se están consolidando como un valioso instrumento para llevar a cabo la transformación que este país urgentemente requiere.


Sin embargo, mientras reflexionamos sobre lo que ha sido nuestro pasado, lo que es nuestro presente y lo que será nuestro futuro, sólo me queda decir: el que quiera azul celeste, que le cueste.


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domingo, 5 de abril de 2009

La batalla de Estrasburgo, crónica de Esther Vivas


Ciudad de México, 5 de abril de 2009

Servicio informativo núm. 672


Sumario:


I. La batalla de Estrasburgo, crónica de Esther Vivas


II. G20: Un pequeño retoque de pintura en un planeta en ruinas, por Damien Millet y Éric Toussaint


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LA BATALLA DE ESTRASBURGO

crónica de Esther Vivas

militante de Izquierda Anticapitalista y de Revolta Global-Esquerra Anticapitalista

(tomado de Punto de Vista Internacional (www.puntodevistainternacional.org)


Miles de personas intentamos marchar este mediodía [del 4 de abril] en la ciudad sitiada de Estrasburgo para denunciar las políticas militaristas de la OTAN. Una ciudad sin transporte público, sin transeúntes en las calles y con una fuerte presencia policial con centenares de policías desplegados por toda la ciudad. La respuesta contundente del gobierno de Nicolas Sarkozy ha sido una brutal represión policial que ha dejado a decenas de heridos y la prohibición sistemática del derecho democrático a la libre manifestación.


A pesar de que la marcha había sido finalmente permitida, aunque alejada del centro de la ciudad, en las afueras de Estrasburgo, en una zona repleta de fábricas abandonadas, canales y campo, la protesta ha sido, desde sus inicios, totalmente acordonada por la policía francesa y duramente reprimida con una extrema violencia policial: gases lacrimógenos, pelotas de goma, furgonetas tanque, ráfagas de agua...


Los manifestantes, bien entrada la mañana, intentamos acceder al punto de cita, una amplia explanada en las afueras de la ciudad, para empezar la manifestación convocada a las 13 horas. Pero desde las 9 horas de la mañana todos los accesos al punto de encuentro estaban fuertemente bloqueados por la policía francesa con varios dispositivos de furgonas y antidisturbios.


La policía francesa permitía el acceso a las inmediaciones del punto de encuentro, pero una vez que se intentaba cruzar alguno de los puentes o de las entradas a la explanada, un enorme despliegue policial nos bloqueaba el paso, encerrando de este modo a los manifestantes, lanzando grandes cantidades de gases lacrimógenos a todo aquel que intentaba aproximarse al cerco policial. La tensión aumentaba por momentos.


Finalmente, sobre las 12.30 horas, la policía desbloqueó los puentes que permitían el acceso al punto de encuentro y los manifestantes pudimos avanzar, con paso firme, fuertemente agrupados, rodeados por policía y en un ambiente cargado por el lanzamiento de gas. Los activistas procedentes del otro lado de la frontera, de Alemania, no corrían la misma suerte y su paso estaba fuertemente controlado por la policía quien les impedía avanzar.


Los manifestantes antiOTAN empezamos a llegar por centenares a la explanada de la convocatoria, a pesar de las dificultades para acceder a la misma. Un gran escenario presidía la explanada y los activistas nos fuimos agrupando por organizaciones; el cortejo del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) francés era visiblemente el más numeroso y con gran cantidad de jóvenes, a pesar de que varios de los autocares del NPA que venían de otros puntos del país tuvieron dificultades para acceder al punto de encuentro y llegaron con varias horas de retraso. Música y consignas combativas lanzadas desde el escenario por distintos activistas procedentes de toda Europa animaban la concentración. Una de las intervenciones más aplaudidas fue la del compañero del NPA Olivier Besancenot, gritando “No a la guerra, no a la militarización”.


Mientras en los alrededores de la explanada donde iba a empezar la marcha la tensión iba en aumento: distintos helicópteros sobrevolaban la zona a baja altura y la confrontación entre el bloque negro y la policía iba creciendo por momentos y varias columnas de humo indicaban el recorrido de la confrontación alrededor del punto de encuentro. Finalmente, la policía francesa gaseó la explanada donde estábamos concentrados miles de activistas y la manifestación tuvo que empezar forzosamente acorralada y perseguida por las fuerzas policiales.


Los manifestantes avanzábamos con dificultades únicamente por aquellas pocas vías que no tenían su entrada bloqueada por furgonetas tanque y policiales armados, mientras éramos fuertemente gaseados a lo largo de todo el recorrido y duramente reprimidos con el lanzamiento de pelotas de goma y con agua cuando intentábamos avanzar por aquellas vías que se encontraban cerradas.


La policía dividía a los activistas y finalmente la mayor parte de la manifestación quedó acorralada, incluido el cortejo del NPA y de las organizaciones internacionalistas que lo acompañábamos así como una parte importante del bloque negro y varios grupos de organizaciones pacifistas, en una vía rodeada de antiguas fábricas abandonadas. En un extremo de los concentrados un fuerte dispositivo policial lanzaba gas, agua y pelotas de goma a los que allá nos encontrábamos sitiados. Cuando la manifestación intentaba avanzar en dirección contraria se repetía el mismo escenario. No había salida y los manifestantes nos veíamos obligados a agruparnos mientras que la policía avanzaba en un extremo y en otro gaseando y lanzando pelotas de goma, presionando a ambos extremos del cerco, hasta tenernos totalmente acorralados.


Tras más de una hora de encierro policial, completamente gaseados, bombardeados por ráfagas de pelotas de goma y con personas heridas, y después de 7 horas de que empezáramos a intentar a acceder al punto de la concentración inicial y que nos reprimieran contundentemente con los mismos métodos represivos, la policía levantó parte del cerco en un extremo de los concentrados a través del cual pudimos salir bajo una lluvia de gas, manos al aire y completamente rodeados por tanquetas y policías fuertemente armados. Aún tuvimos que pasar otros cercos policiales, siguiendo la misma dinámica, más identificaciones y registros hasta poder salir de la zona cercada a varios kilómetros del centro de Estrasburgo.


Los hechos de este sábado 4 ponen encima de la mesa cómo en un contexto de crisis aguda económica, social y ecológica, en definitiva de una crisis sistémica del capitalismo, el Estado opta, no sólo por profundizar aquellas políticas neoliberales que nos han conducido a esta situación de crisis, sino que aumenta la represión política y policial ante cualquier tipo de disidencia. Los hechos de esta semana en Londres, la represión al movimiento estudiantil de hace unas semanas en Barcelona y en muchos otros puntos de Europa, se enmarcan en una estrategia de auge de la persecución y la criminalización de todos aquellos y aquellas que optamos por otro modelo y por poner fin al sistema capitalista. Podrán gasearnos, podrán perseguirnos, podrán reprimirnos, pero no conseguirán hacernos callar.


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G20: UN PEQUEÑO RETOQUE DE PINTURA EN UN PLANETA EN RUINAS

por Damien Millet y Éric Toussaint

(tomado de Punto de Vista Internacional (www.puntodevistainternacional.org)


No le falta publicidad a la cumbre del G20 que está reunida en Londres desde el 1 de abril. El grupo de los veinte países más industrializados y emergentes (G20) se ha citado para aportar soluciones a la crisis. Pero mucho antes de la clausura de la cumbre, la constatación es certera: el G20 no estará a la altura del desafío.


Y es que el G20 no se organizó con el objetivo de aportar soluciones, se convocó de prisa y corriendo en noviembre de 2008 para salvar la cara de los poderosos y tratar de rellenar las brechas de un capitalismo en plena crisis. Por lo tanto, es imposible que adopte medidas suficientemente radicales para invertir la tendencia.


Se le pidió a la opinión pública que mirara en dos direcciones que servían para cristalizar la exasperación: los paraísos fiscales y las remuneraciones de los directivos de las grandes empresas.


Por supuesto que hay que abolir los paraísos fiscales. Para ello, es suficiente prohibir a las empresas y a los residentes tener activos o mantener relaciones con asociados establecidos en paraísos fiscales. Los países de la Unión Europea que funcionan como paraísos fiscales (Austria, Bélgica, Reino Unido, Luxemburgo...) y Suiza deben levantar el secreto bancario y poner fin a su práctica escandalosa. Pero ésta no es la orientación tomada por el G20: serán sancionados algunos casos emblemáticos, se pedirá que estos países tomen unas medidas mínimas, y se hará una lista negra de territorios no cooperativos depurada con sumo cuidado (la City de Londres, Luxemburgo y Austria consiguieron no figurar en esa lista).


Por otra parte, las remuneraciones de los directivos de las grandes empresas, que incluye a paracaídas de oro y bonus diversos, son realmente insoportables. En período de crecimiento, los patrones afirmaban que era necesario recompensar a los que aportaban tantos beneficios a la empresa para evitar su partida. Ahora que la crisis está sólidamente instalada y que las empresas ven cómo aumentan sus pérdidas, los de siempre continúan reclamando lo que se les debe. El G20 sólo intentará regular estas remuneraciones, y esto durante un corto tiempo. Lo que no se tocará es la propia lógica de todo esto.


Más allá de los paraísos fiscales y de los super bonus de los patrones, para quienes tampoco se han especificado las eventuales sanciones, los países del G20 seguirán reflotando los bancos. El FMI, a pesar de su descrédito y deslegitimación a escala mundial, se lo colocará de nuevo en el centro del juego político y económico gracias a un aporte de fondos que se producirá desde ahora hasta el año 2010.


Un pequeño retoque de pintura en un planeta en ruinas, he aquí lo que le toca al G20. Sólo una fuerte movilización popular podrá permitir la construcción de cimientos sólidos para elevar por fin un mundo en el que las finanzas estén al servicio de los seres humanos y no al revés. Las manifestaciones del 28 de marzo al 1ro de Abril fueron muy importantes: 40.000 personas en Londres, decenas de miles en Viena, Berlín, Stuttgart, Madrid, Sao Paulo, Brasilia, Roma, Buenos Aires..., con el lema “Qué los ricos paguen la crisis”. La semana de acción mundial convocada por los movimientos sociales del mundo entero durante el Foro Social Mundial (FSM) de Belem en enero de 2009, tuvo, por consiguiente, un eco gigantesco. Aquellos que anunciaron el fin del movimiento altermundista se equivocaron. El movimiento ha demostrado que es perfectamente capaz de conseguir grandes movilizaciones y es sólo el principio. El éxito de las realizadas en Francia el 29 de enero y el 19 de marzo con tres millones de manifestantes en las calles demuestra que los trabajadores, los desocupados, los jóvenes quieren otras soluciones para la crisis, no las que consisten en salvar a los bancos y obligar a los de abajo a ajustarse más el cinturón.


En forma simultánea pero independiente del G20, el presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas, Miguel d’Escoto, convocó una reunión general de jefes de Estado para el próximo mes de junio y pidió al economista Joseph Stiglitz que presida una comisión de propuestas para responder a la crisis global. Las soluciones que se proponen no son apropiadas, demasiado tímidas, pero tendrán el mérito de ser objeto de discusión en la Asamblea General de las Naciones Unidas.


Una nueva crisis de la deuda se está preparando en el Sur, y es la consecuencia de la explosión de la burbuja de la deuda privada inmobiliaria en el Norte. Esta crisis, que afecta actualmente a la economía real de todos los países del Norte, ha provocado una caída de los precios de los productos primarios, lo que ha reducido los ingresos de divisas con las que los gobiernos de los países del Sur reembolsan su deuda externa. Más aún, la contracción del crédito ha conducido a un alza del coste de los préstamos a los países del Sur. Estos dos factores ya están produciendo suspensiones de pago de la deuda por parte de los gobiernos de los países más expuestos a la crisis (comenzando por Ecuador). Seguirán otros dentro de uno o dos años.


La situación es absurda: los países del Sur son prestadores netos respecto al Norte, en primer lugar Estados Unidos, con una deuda externa total de más de 6 billones de dólares (el doble de la deuda externa de todo el Tercer Mundo). Los Bancos Centrales de los países del Sur compran bonos del Tesoro de Estados Unidos. Por el contrario, deberían formar un Banco del Sur, democrático (un país=un voto), con el objetivo de financiar proyectos de desarrollo humano; salir del Banco Mundial, del FMI y del BID, que son instrumentos de dominación; desarrollar las relaciones de solidaridad Sur-Sur, como lo están haciendo los países miembro del ALBA (Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua, Honduras, Dominica); realizar auditorías de las deudas que les reclaman y dejar de pagar las deudas ilegítimas.


El G20 vigilará para que se preserve lo esencial de la lógica neoliberal. Los principios son de nuevo apuntalados, aunque su fracaso esté claro. El G20 reafirma su apego a “una economía mundial abierta basada en los principios del mercado”. Por lo tanto, su sostén al dios mercado no es negociable. El resto es mera palabrería.


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