lunes, 22 de octubre de 2007

La derecha busca desmantelar Fonhapo y dar un nuevo golpe a la economía de los más pobres: Laura Itzel Castillo

Ciudad de México, 22 de octubre de 2007
Servicio informativo núm. 231


Sumario:

I. La derecha busca desmantelar Fonhapo y dar un nuevo golpe a la economía de los más pobres: Laura Itzel Castillo

II. “Cuauhtémoc y el presidente… de facto”: José Antonio Crespo

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LA DERECHA BUSCA DESMANTELAR FONHAPO Y DAR UN NUEVO GOLPE A LA ECONOMÍA DE LOS MÁS POBRES: LAURA ITZEL CASTILLO


El gobierno de facto de Felipe Calderón no ha podido resolver el problema de vivienda social de la población más pobre de México y, por el contrario, busca desmantelar el Fideicomiso Fondo Nacional de Habitaciones Populares (Fonhapo), lo que representaría un nuevo golpe a este sector, el más vulnerable de la población. Así lo analiza —con datos y hechos— Laura Itzel Castillo, secretaria de Asentamientos Humanos y Vivienda del gabinete de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, en su colaboración periodística de este lunes en el diario El Gráfico, misma que a continuación reproduce el servicio de noticias ISA.

Si analizamos la aplicación del presupuesto federal en materia de vivienda podemos observar claramente que los organismos nacionales no han podido con el paquete habitacional que tienen enfrente. Para muestra basta un botón: Fonhapo.

Veamos de qué estamos hablando: el Fideicomiso Fondo Nacional de Habitaciones Populares (Fonhapo), que como su nombre lo indica debiera proveer de créditos baratos y suficientes a la población más pobre, de acuerdo con los reportes bimestrales del Avance Físico de Programas Aprobados 2007, tiene un avance de tan sólo 37.7 %, hasta el cuarto bimestre de este año, en cuanto a subsidios otorgados a familias en pobreza patrimonial para la adquisición, construcción, ampliación y mejoramiento de viviendas.

Es decir, de los 3 mil 219 millones aprobados para este programa la institución sólo ha ejercido mil 213 millones 563 mil pesos. Esto significa que Fonhapo observa un subejercicio de 2 mil 5 millones 437 mil pesos. Esta cifra equivale a 10% de lo que se pretende recaudar anualmente en el aumento de la gasolina.

De acuerdo con el cuarto Informe Bimestral, de fecha 28 de septiembre de 2007, correspondiente al periodo julio-agosto a partir de los informes enviados al H. Congreso de la Unión, con base en la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria, la ineficiencia de esta dependencia es más que evidente.

En el rubro correspondiente a subsidios a familias rurales de bajos ingresos para la dignificación de sus viviendas, sólo muestra un avance de 1.1% en el mismo periodo. En otras palabras, Fonhapo sólo ha sido capaz de destinar 5 millones de pesos de los 509 millones de pesos que le fueron autorizados para atender a la población históricamente más marginada del país, rubro que desde 2006 presentó un subejercicio brutal, pues no se ejerció un solo centavo de los 500 millones que tenía asignado.

El diseño financiero de las leyes, ordenamientos y reglas de operación que rigen al organismo ha provocado un divorcio natural con los sectores de la sociedad a quienes supuestamente están dirigidos los programas habitacionales y, paradójicamente, los ha vuelto inoperantes. La razón de fondo es que como resultado de las reformas estructurales implementadas en la década de los 90, las nuevas políticas habitacionales quedaron definidas a partir de objetivos económicos financieros y no de las necesidades de la población. Desafortunadamente el objetivo es claro: desmantelar de manera intencional al Fonhapo y con ello dar un golpe más a la población humilde de este país.

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“CUAUHTÉMOC Y EL PRESIDENTE… DE FACTO”: JOSÉ ANTONIO CRESPO

Ni el periódico Excélsior ni su colaborador José Antonio Crespo pueden ser calificados como seguidores de las posiciones lopezobradoristas. El periódico, propiedad del acaudalado Olegario Vázquéz Raña, dueño también de los Hospitales Ángeles y de medios informativos como el Grupo Imagen, forma parte de esa elite empresarial que ha hecho de las relaciones con el poder político fuente inagotable de enriquecimiento; de ahí que la línea editorial de Excélsior y buena cantidad de sus colaboradores muestren más bien una postura contraria al movimiento lopezobradorista. Con excepción, tal vez única, precisamente de José Antonio Crespo, quien con la objetividad del científico social ha señalado el desaseo electoral de 2006 y sus consecuencias en la crispación social que hoy vivimos, sin dejar de expresar sus críticas al dirigente izquierdista cuando así lo ha considerado necesario.

Por considerar por ello de valor sus opiniones es que el
servicio de noticias ISA reproduce a continuación su artículo “Cuauhtémoc y el presidente… de facto”, publicado el día de hoy.

Se profundiza la división en el PRD, generada por el debate sobre cómo debiera ser la forma de relacionarse con Felipe Calderón, oficialmente no reconocido como presidente legítimo por ese partido. Una fisura que se originó desde la elección misma y que, conforme pasa el tiempo, se abre más, abonando a una eventual ruptura del sol azteca. El PRD moderado versus el PRD radical. El PRD institucional versus el PRD confrontacional. El PRD político-electoral versus el PRD movimiento social. Ambas alas coinciden en considerar a Calderón un presidente de facto, dado que gobierna en los hechos desde Los Pinos, “haiga sido como haiga sido”. Se le desconoce, en cambio, como presidente de jure (es decir, con la legitimidad de origen que sólo puede provenir de las urnas). El conflicto no radica, pues, en que una parte del PRD diga que Calderón es presidente de facto y otra asegure que lo es de jure. No. El problema es cómo debe procederse frente a un presidente de facto. Los institucionales privilegian el pragmatismo realista: es inevitable interactuar con el gobierno de hecho, en lugar de mantener un estéril aislamiento. Los confrontacionistas, manteniendo una posición irreductible de principios, sostienen que si un gobernante no lo es de jure, no se debe mantener relación con él ni diálogo ni negociación alguna.

La postura del PRD institucional es parecida a la que en 1988 adoptó el PAN frente a Carlos Salinas de Gortari. Nunca le reconoció legitimidad de origen, pero aceptó como inevitable y hasta provechoso entablar diálogo y negociación. Se entiende el cambio en la posición del PRD moderado con respecto a aquellos años: en 1989 el PRD tenía muy pocos legisladores y ningún gobierno estatal. Muy diferente a lo que ahora sucede. Se entiende, pues, la posición de Amalia García, Zeferino Torreblanca, Lázaro Cárdenas o Ruth Zavaleta (aunque también se comprende por qué Marcelo Ebrard estratégicamente no puede adoptar la misma posición). La que de plano resulta incongruente es la postura de Cuauhtémoc Cárdenas, que no ocupa ninguna posición gubernamental ni legislativa que lo orille a reconocer pragmática o institucionalmente a Calderón, ni siquiera como presidente de facto.

Cárdenas ha dicho: “Me parece que (a Calderón) hay que reconocerlo, (pues) la realidad es que está gobernando, hay un gobierno constituido, reconocido por otros gobiernos, que emite decretos, que nombra funcionarios, que toma decisiones, que maneja el presupuesto” (17/Oct/07). Algo innegable, si bien Cuauhtémoc se equivoca cuando afirma que “(Calderón) está reconocido por todos los sectores de la sociedad”, lo que refleja que sigue sin entenderle a eso de las encuestas, la más reciente de las cuales reporta que más de la mitad de los ciudadanos (54%) o piensa que hubo fraude o dice que no se puede saber quién ganó (El Universal, 2/Jul/07). El punto es que Cárdenas nunca reconoció a Salinas de Gortari, pese a que también en ese caso había un gobierno constituido, tomaba decisiones, nombraba funcionarios y manejaba presupuesto. ¿Qué hubiera hecho Cuauhtémoc si un perredista destacado hubiera declarado en 1989 lo que él acaba de afirmar o que alguien sugiriera que se requería ser “deficiente mental” para no reconocer a Salinas? Probablemente tildarlo de traidor y expulsarlo del partido, como de hecho hizo con Roberto Robles Garnica cuando le aceptó a Salinas una misión diplomática. Y, para no ir muy lejos, hizo lo mismo con Ricardo Pascoe por aceptar la embajada en Cuba durante el gobierno de Fox (cuando Cárdenas todavía sostenía que Fox era la reencarnación de Maximiliano). Eso, pese a que nadie cuestionó la legitimidad electoral de Fox. En cambio, Cuauhtémoc no vio problema alguno al aceptarle al guanajuatense la coordinación para los festejos del Bicentenario, en pleno proceso electoral de 2006.

¿Por qué este cambiazo de Cárdenas? Quizá porque, con el paso del tiempo, el ingeniero “maduró políticamente” (como justificaban los priistas a los muchos que se dejaban cooptar por ellos). ¿O será que Cuauhtémoc piensa que Calderón ganó en buena lid, y por eso adopta una posición muy distinta a la que mantuvo frente a Salinas de Gortari? No, no es el caso, pues el ingeniero aclaró que determinar si Felipe ganó en buena lid lo dejaba a los historiadores (de lo que se infiere que Cárdenas nutre las filas de los “agnósticos”, aquellos que nos declaramos sin elementos suficientes para determinar quién ganó). Entonces la explicación de su viraje debe estar en otro lado. Quizá su actual “madurez política” se deba a que en esta ocasión él no fue el candidato derrotado. Y tal vez también cuente que el candidato oficialmente perdedor era alguien que él mismo deseaba ver en la lona. Al menos eso decían sus colaboradores cercanos en 2002: que Cárdenas haría lo que estuviera en sus manos para impedir que Andrés López Obrador llegara a la Presidencia. Y eso, probablemente porque el tabasqueño le impidió contender una vez más por la Presidencia, como era su evidente deseo. Y en efecto, Cuauhtémoc puso también su “granito de arena” (como Carlos Ahumada) para frustrar las aspiraciones del Peje.

Curiosa nuestra democratización, digna del país surrealista que somos; varios de los líderes de ese proceso terminan repudiados por buena parte de sus partidarios. Fox queda mal con muchos de sus votantes y aliados por claudicar de la democracia e incumplir la promesa de tratar de conciliar la política con la ética. Cárdenas abandonó al candidato perredista que pudo haber ganado la presidencia (lo que en ese partido no se da en mata). Y Ernesto Zedillo es tildado por sus correligionarios de auténtico traidor, aunque por razones distintas: haber allanado desde el poder el terreno a la democracia electoral y la alternancia. Vaya paradojas.

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